La Terapia de Masaje Rítmico según la Dra. Ita Wegman actúa principalmente sobre los flujos de líquidos y la respiración del cuerpo. Mediante maniobras manuales especialmente formadas, se estimula la circulación de la sangre y la linfa, ayudando a liberar estructuras endurecidas y a favorecer un flujo armonioso en el organismo.
Este tratamiento contribuye a aliviar dolores y tensiones, profundizar la respiración y mejorar la irrigación sanguínea en las denominadas “zonas frías” del cuerpo.
Además, este tipo de masaje regula el ritmo vital básico y potencia la autorregulación de funciones como el sueño, el apetito y los procesos de eliminación. Puede activar procesos pasivos y compensar desequilibrios, permitiendo que la persona recupere energía, vitalidad y capacidad de iniciativa.
Las maniobras de masaje
Las maniobras de este masaje, caracterizadas por su cualidad envolvente y de “succión”, crean espacio en el cuerpo y favorecen el bienestar psíquico. Conectan cuerpo y mente, promoviendo una vivencia integral y un estado de ánimo más luminoso. Al estimular el calor corporal, la persona vuelve a abrirse a sí misma y al mundo que la rodea, fortaleciendo así su impulso interior y su iniciativa personal.
La capacidad de conservar la salud y superar la enfermedad está estrechamente relacionada con la autopercepción y con la responsabilidad que cada persona asume sobre su propio estado de salud. Los factores ambientales, los riesgos físicos y las circunstancias individuales de vida plantean constantemente nuevos retos al organismo, que pueden derivar en enfermedad si no se logran gestionar adecuadamente.
La formación como masajista rítmico tiene una duración de tres años y se imparte en centros de formación especializados, reconocidos por la sección médica de la Antroposofía.
Fuente: www.bvrm.de




